🛠 Striketober y la oportunidad sindical en EE. UU.

Y también: una película de sindicatos, pero de los malos, y una fiesta calamaresca.

  
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21 de noviembre | Nueva York

Hola, maricoper. ¡A las calles!

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Lo importante: Estados Unidos vive este otoño tiempos convulsos en el mercado laboral, empezando por una falta crítica de trabajadores en un amplio abanico de industrias y terminando con un aumento destacado de las huelgas de trabajadores en busca de mejores condiciones.

  • Todo, en el contexto de una recuperación económica cautelosamente optimista tras los peores baches de la crisis pandémica del Covid-19.

Explícamelo: desde el inicio de la pandemia, millones de trabajadores pasaron a ser considerados esenciales en un contexto que exigió de ellos riesgos y esfuerzos extra para mantener el país en marcha —y sacarlo después del atolladero.

  • Pero echarse EE. UU. a la espalda no se ha traducido necesariamente en mejores condiciones y protecciones laborales, lo cual ha generado un descontento evidente entre los trabajadores:

    • De un lado, La gran dimisión de trabajadores poco dispuestos a aceptar condiciones laborales que pretenden continuar el statu quo prepandémico.

    • Del otro, huelgas en empresas que emplean a decenas de miles de trabajadores que exigen mejores contratos.

Contexto: esos mismos millones de trabajadores, sea por el confinamiento o por las ayudas del gobierno durante las administraciones de Donald Trump y ahora Joe Biden, tienen colchones de ahorro que les permiten tomar decisiones más valientes a la hora de rechazar o postergar aceptar trabajos mal remunerados.

  • Boom. Ese factor, La gran dimisión y las huelgas crean una tormenta perfecta que permite a los trabajadores contar con una capacidad negociadora con la que no habían contado desde hace décadas.

    • Es decir, los trabajadores pueden estar de huelgas y sus empleadores tienen muy difícil encontrar sustitutos manteniendo los salarios de siempre porque los que no tienen trabajo pueden aguantar un poco más en casa hasta que les ofrezcan algo mejor.

Además, el contexto de desigualdad económica es más flagrante que nunca. Desde hace décadas, la compensación de los trabajadores se ha estancado por debajo de la productividad y los consejeros delegados y accionistas de las grandes corporaciones han visto cómo sus cofres aumentaban de forma desproporcionada.

¿Y ahora? Pese al contexto favorable para los trabajadores, hay dos parámetros que explican por qué esta tormenta perfecta ha tardado tanto en llegar: el marco de derechos y protecciones laborales en EE. UU., que es una mierda y del que ahora hablaremos; y el tiempo, pues los ahorros no duran para siempre.

👷‍♂️ Unas malas protecciones

La razón por la que la lucha por unas mejores condiciones es tan trascendental para los trabajadores ahora mismo es porque las protecciones laborales a nivel federal son una basura, con lo que recae en los empleadores el ofrecerlas.

  • Y eso se consigue de dos formas: por parte del empleador para atraer talento o por parte de los trabajadores ejerciendo presión a sus empleadores, generalmente a través de huelgas organizadas por sindicatos.

¿Y por qué hemos llegado hasta aquí? Porque el derecho laboral en EE. UU. no está mencionado explícitamente en la Constitución, con lo que su regulación está legislada en una heterogénea colección de leyes federales y estatales.

  • Las cámaras del Capitolio no han ratificado el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación de 1948, ni el Convenio del derecho de sindicalización y negociación colectiva de 1949.

A nivel federal, existen dos grandes leyes que comportan el marco normativo básico en materia de legislación laboral:

  • Ley Nacional de Relaciones Laborales (NLRA). Se promulgó en 1935, en el contexto del New Deal de Roosevelt, con el objetivo de limitar las represalias que los empleadores pudieran tomar contra aquellos trabajadores que optan por sindicalizarse, realizar huelgas u organizarse en defensa de sus derechos.

  • Ley de Normas Justas de Trabajo (FLSA). Aprobada en 1938, la ley establece el salario mínimo federal (actualmente, 7.25 dólares por hora) y un límite de 40 horas semanales para ese salario, a partir del cual corresponde el pago de horas extra.

Y también:

  • Ley de Seguridad y Salud Ocupacional (1970): compromete a los empleadores a proveer lugares de trabajo libres de riesgos conocidos y cumplir con estándares específicos de salud y seguridad.

  • Ley de Licencia Familiar y Médica (1993): ordena a los empleadores permitir a sus empleados que soliciten hasta 12 semanas *no remuneradas* cada año debido a enfermedades graves propias o para cuidar de familiares bajo ciertas condiciones.

  • Leyes antidiscriminatorias. La Ley de Derechos Civiles de 1964 que prohíbe la discriminación basada en motivos de raza, religión, sexo, creencias o país de origen ha sido complementada para impedir la discriminación por motivos de orientación sexual, condiciones médicas relacionadas con el embarazo o edad (mayores de 40 años).

A nivel estatal, los estados legislan en materia de derechos laborales solo en los casos en los que quedan excluidos de la aplicación de la ley federal o bien en favor de ampliar los derechos garantizados por la administración federal.

  • Por ejemplo, los estados tienen la facultad de ampliar el salario mínimo federal de 7,25 dólares por hora. Es por eso que en Florida es de 10 dólares por hora y en Nueva York, de 12,50.

    • Estados con un salario mínimo mayor que el federal:

¿Y los despidos? La legislación laboral estadounidense tampoco establece, en general, un sistema de protección contra el despido a menos que el trabajador se encuentre cubierto por un convenio colectivo o un contrato individual.

  • El employment at will o empleo a voluntad que rige en varios estados permite a los empleadores despedir trabajadores sin previo aviso, siempre y cuando no sea una decisión basada en motivaciones discriminatorias prohibidas por la ley.

    • El gobierno federal cuenta con ayudas disponibles por desempleo para estos fines, un recurso que vimos ser ampliamente demandado durante los meses de pandemia debido al aumento de despidos en trabajos informales.


⚠️ EsPEra, whaT?

Si has leído atentamente las leyes previas, habrás visto que no hay una protección para que los trabajadores tengan baja por enfermedad remunerada, baja por paternidad remunerada, días mínimos de vacaciones pagados o seguros médicos de amplia cobertura.

  • Chorprecha: es porque no existen al nivel federal, con lo que los trabajadores no tienen protecciones al quedarse enfermos, tener hijos e irse de vacaciones. Y ni qué decir lo que les puede costar ir al médico si el seguro médico que le ofrece su empleador es limitado.


✊ ¿Y los sindicatos?

El progresivo declive de los sindicatos, que pasaron de representar uno de cada tres trabajadores en 1954 a uno de cada diez en 2020, puede atribuirse a la inestabilidad de la legislación laboral y la consecuente fragilidad del poder sindical.

Es decir, aunque legalmente esté garantizado el derecho a la negociación del sindicato con los empleadores, en la práctica es el empleador quien tiene todas las de ganar y no muchos trabajadores están dispuestos a arriesgar su empleo.

  • Lo vemos a través de cuatro factores clave en el momento actual:

1. Pocas consecuencias para los empleadores que incumplen la NLRA. Varios analistas han identificado que una de las razones por las que la actividad sindical no consigue ganar terreno en la representación de los intereses de los trabajadores tiene que ver con la influencia activa de algunos empleadores en desincentivar estos esfuerzos, pese a que es ilegal.

  • Lo vimos con el caso de los trabajadores de Amazon, que explicamos a fondo en esta newsletter. La película American Factory de Netflix es un grandísimo ejemplo de esas prácticas.

2. Desconfianza en la verdadera influencia de las instituciones sindicales. Que la ley no consiga penar a los empleadores que directa o indirectamente efectúan persecuciones contra trabajadores sindicalizados implica que, en la práctica, los sindicatos no tienen un verdadero poder de negociación con los empleadores.

  • Esto puede traducirse en un aumento en la desconfianza de los trabajadores, que prefieren no arriesgar su empleo intentando conseguir mejores condiciones laborales por la vía sindical.

3. Los sindicatos carecen de sistemas de financiación como los que existen en Europa, sean subvenciones, programas públicos o medidas que permitan que los trabajadores no-sindicalizados paguen parte de la estructura del sindicato, algo que bloqueó el Tribunal Supremo de mayoría conservadora en 2018.

4. Apatía de la administración de Biden con la PRO Act. Pese a haberse llamado a sí mismo “el presidente más prosindicalista de la historia”, Biden ha tomado distancia del debate por la PRO Act, una ley que facilitaría la organización en el lugar de trabajo.

  • Pese a estar estancada en el Senado, Biden no ha querido meterse en las negociaciones y funcionarios de la Casa Blanca han declarado que tampoco tiene intenciones de involucrarse en ninguna disputa laboral en el futuro.

    • Esto puede interpretarse como un debilitamiento en el compromiso de su administración con garantizar los derechos sindicales —y una nueva derrota para los sindicatos que están cobrando relevancia estos días.

🦠 Factor pandemia

Aterriza el Covid. Todo el contexto anterior debemos mirarlo a la luz de los cambios que introdujo la pandemia en la normalidad laboral estadounidense.

En primer lugar, cómo contribuyó a profundizar las desigualdades preexistentes y condujo a millones de estadounidenses al borde del precipicio económico, víctimas de la ola de despidos que trajo aparejado el confinamiento.

En segundo lugar, el impacto que tuvieron los fondos federales de ayudas al desempleo que las administraciones de Trump y Biden aprobaron ante la excepcionalidad de la emergencia sanitaria.

  • Este pasado septiembre, las familias con menos ingresos seguían teniendo un 70 por ciento más de efectivo en sus cuentas bancarias en comparación a tiempos prepandémicos, pero eso son solo 1,000 dólares extra de cojín.

    • Es decir, que las ayudas del gobierno han significado un empujón importante para las familias, pero no como para pasarse meses sin aceptar un trabajo.

Por otro lado, las ayudas se han acabado y la administración de Biden no tiene previsto aprobar más paquetes de estímulo que incluyan unas nuevas, con lo que es probable que este gráfico que marca las rondas de estímulos y de créditos fiscales para familias con niños deje de incluir líneas tan altas dentro de poco:

🪧 Y ahora: Striketober

Este cambio en las condiciones de muchos trabajadores parece haberse convertido en un factor de motivación para reactivar la actividad sindical, las huelgas o, simplemente, la negativa de muchos trabajadores a aceptar trabajos que ofrecen salarios y condiciones insuficientes para ellos.

  • Una encuesta de Gallup del pasado septiembre muestra que los sindicatos gozan de su mayor punto de popularidad desde 1965 después de caer a mínimos históricos tras la crisis económica de 2008:

Como decíamos al principio de esta newsletter, los diferentes factores pandémicos han creado una suerte de tormenta perfecta para que los trabajadores organicen huelgas y los empleadores sean incapaces de encontrar a otros que los sustituyan, aumentando más si cabe el poder negociador de los sindicatos.

  • Y es algo que hemos visto que ha sucedido de forma especialmente destacada en el mes de octubre, cuando tras un año y medio de pandemia se ha producido un destacado repunte de las huelgas —o las propuestas de huelgas—, según un seguimiento de la Cornell University School of Industrial and Labor Relations.

Hollywood. Más de 60,000 trabajadores de producción de cine y televisión amenazaron con entrar en huelga hace semanas con motivo de los peores salarios y condiciones en las producciones para plataformas de streaming, provocando unas intensas negociaciones que se saldaron con un acuerdo ratificado la semana pasada.

  • El acuerdo con los grandes estudios de Hollywood incluye un aumento anual retroactivo de los salarios del 3 por ciento y descansos de fin de semana, entre otros compromisos.

John Deere. Más de 10,000 trabajadores del gigante de maquinaria agrícola en Iowa, Kansas e Illinois entraron en la primera huelga de la compañía en 35 años para exigir mejores salarios tras años de beneficios enormes para los jefes y accionistas.

  • Muchos trabajadores de John Deere dicen que solo han recibido aumentos del 12 por ciento a lo largo de seis años pese a que el salario del consejero delegado aumentó a 16 millones de dólares el año pasado y los dividendos para los accionistas aumentaron un 17 por ciento.

    • Los trabajadores llegaron a un acuerdo la semana pasada. Recibirán un aumento salarial inmediato del 10 por ciento, un bonus de ratificación de 8,500 dólares y más aumentos salariales del 5 por ciento en 2023 y 2025.

Kaiser Permanente. Más de 32,000 trabajadores de la compañía de servicios sanitarios amenazaron con entrar en huelga, pero finalmente lograron alcanzar un acuerdo que incluye aumentos salariales anuales hasta 2025 y evitar recortes propuestos en el seguro médico de los empleados.

  • Las quejas tenían que ver con que la compañía ofrecía aumentos salariales a los trabajadores actuales, pero recortaba en un 15 por ciento los salarios y beneficios en nuevos contratos.

    • Todo y pese a que la compañía tuvo beneficios de entre 1,300 y 3,000 millones de dólares en los últimos dos trimestres.

  • Eso sí, miles de trabajadores de Kaiser sí dejaron sus puestos la semana pasada en solidaridad con los ingenieros de la compañía que llevan haciendo huelga desde el pasado septiembre en busca de mejores condiciones.

Otros. A esas huelgas o amenazas de huelga se suman otras de cientos de trabajadores de Kellog’s, cientos de mineros de carbón, cientos de empleados de destilerías y miles de enfermeras y trabajadores sanitarios a lo largo y ancho del país.

⏰ Una conclusión complicada

Ojo. Es difícil concluir si el aumento de huelgas es tan destacado con respecto a tiempos prepandémicos porque las estadísticas que recoge la Agencia de Estadísticas Laborales solo agrega huelgas con miles de trabajadores.

  • Pero lo que es evidente es que sí se ha producido un salto destacado en el mes de octubre con respecto al año y medio anterior, lo que sumado a la cobertura mediática de los éxitos de muchas de esas huelgas o amenazas de huelga aporta un momentum importante a los trabajadores.

La pregunta es si se producirá un efecto contagio a otras empresas en las próximas semanas o si la caída de los ahorros entre millones de estadounidenses devolverá el mercado laboral a un statu quo en el que los empleadores tendrán nuevas opciones para sustituir a sus trabajadores.

  • Con Acción de Gracias y la Navidad en el horizonte, cualquier disrupción en industrias clave para las festividades podría desatar una nueva ola de protestas, así que de eso estaremos pendientes.

¿Desea saber más? Los investigadores de Cornell tienen una página para seguir las huelgas que se van organizando en todo el país. Y Ben Smith, el analista de medios de The New York Times, escribió una columna muy interesante sobre por qué los periodistas están estos días tan interesados en cubrir noticias sobre el trabajo.


🎬 Una recomendación

Con la colaboración de Filmin

La ley del silencio es una película estadounidense de 1954 dirigida por Elia Kazan. Sigue la historia de Terry Malloy, un estibador de los muelles neoyorquinos que se ve envuelto en los crímenes del jefe de su sindicato después de que maten a un compañero que tenía pensado testificar ante una comisión regulatoria.

  • Marlon Brando pone rostro a Terry en un reparto que también incluye a Eva Marie Saint en el papel de la hermana del fallecido y a un pletórico Karl Malden en el rol del cura local.

Ganadora de ocho Oscar, incluyendo Mejor Película, Dirección y Actor Protagonista para Brando, La ley del silencio es uno de los grandes clásicos de la carrera de Kazan, que años atrás había rodado la también aclamadísima Un tranvía llamado deseo.

En La ley del silencio, Kazan usa la corrupción en lo alto de un sindicato para ilustrar la perversión de los poderosos que tantas veces construyen sus imperios criminales a costa del sacrificio de los trabajadores.

  • En esta historia, los estibadores son voces acalladas por el miedo a sufrir el mismo destino que el muerto que desencadena el resto de la trama.

Apoyado en un guion memorable de Budd Schulberg que radiografía al personaje de Terry a través del peso de su conciencia, Kazan consigue que sus actores trabajen los diálogos en el que es uno de los mejores escaparates interpretativos que jamás ha visto Hollywood.

  • Solo por el method acting de Brando hay que darle al play.

La ley del silencio está disponible en Filmin.


⚡️ ¿Podemos hablar de esto?

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Chrissy Teigen montó una fiesta temática de El juego del calamar la semana pasada y por cualquier motivo me lo perdí. El caso es que me flipa que la haya organizado para sus amigos ricos de Los Ángeles porque la serie de Netflix tiene un rollo anticapitalista muy Parásitos y es un poco raro montarla y presumir de ello de semejante manera. No me indigno, ojo, solo me hace mucha gracia.

  • El caso es que… ¡mucha más gente también ha pensado lo que yo! Aunque unos cuantos se lo han tomado bastante más en serio. Con lo divertido que es mofarse de los famosos ricos cuando hacen estas cosas.


En otro orden de cosas, este jueves estuve en Twitch charlando con Macarena Vidal, corresponsal de El País en China, sobre qué significa vivir en el Gigante Asiático, en qué momento se encuentra el conflicto geopolítico y económico entre China y Estados Unidos y cuál es su plato local favorito.

  • Puedes ver el stream completo aquí.

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Hasta el lunes,