👁 Una crítica de lo woke: cuando exigir justicia se convierte en religión

Y también: los orígenes de Hasbulla.

  
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2 de julio | Nueva York

Hola, maricoper. “Arrodíllate, blanco”.

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Lo importante: Tras cuatro años de Donald Trump y una división ideológica rampante, Estados Unidos vive una nueva edición descarnada de sus cíclicas guerras culturales. Esta vez, la palabra woke está en el centro de todo.

  • Para la izquierda, woke es ser consciente de los privilegios de la clase opresora de cara a combatir las injusticias sistémicas que afligen a los desfavorecidos.

  • Para la derecha, woke es una nueva religión progresista que pretende vetar a todos los que no se adecuen a sus dogmas de reivindicación socio-cultural.

Para indagar en lo que de verdad ha traído lo woke a EE.UU., en esta newsletter queremos repasar la historia del término, ahondar en las críticas que desgranan sus peligros y ver cómo esos peligros están aterrizando en las aulas.

  • Si no leíste nuestra newsletter de la semana pasada sobre la Teoría Crítica de la Raza, hazlo ahora porque es un buen contexto para todo lo que vamos a contar a partir de ahora.

🌐 En el activismo

El concepto woke [despierto, en español] nace a mediados del siglo XIX, cuando una red de jóvenes abolicionistas llamada ‘Los muy despiertos’ empezó a protestar en casas de políticos en plena noche para pedir apoyo a la causa contra la esclavitud.

  • La idea era propagar el mensaje y motivar a los jóvenes a despertarse uniéndose a las protestas.

A lo largo del siglo XX, el término woke empezó a ganar connotaciones políticas, pasando a significar estar alerta o estar informado de posibles injusticias, especialmente contra los negros.

Ya en el siglo XXI, la cantautora de soul Erykah Badu popularizó el concepto en su canción ‘Master Teacher’ en la que canta “I stay woke” [Me quedo despierta, en español].

  • En 2012, el mismo año en el que el afroamericano de 17 años Trayvon Martin murió a manos de un policía, Badu publicó un tuit en solidaridad con la detención de varias integrantes del grupo de rock ruso Pussy Riot: “Stay Woke”[Quedaos despiertos, en español].

    • El hashtag #StayWoke cogió fuerza a partir de entonces.

En 2014, la muerte de Michael Brown a manos de un policía en Ferguson, Missouri, alentó el crecimiento del movimiento Black Lives Matter. Con ello, woke se convirtió en una consigna fija del activismo contra el racismo sistémico.

Y en 2017, con las revelaciones sobre las agresiones sexuales del productor Harvey Weinstein, el nacimiento del movimiento #MeToo logró que lo woke también pasara a formar parte de la narrativa del nuevo feminismo.

  • Es decir, lo woke pasó a tener una connotación que trascendía diferentes injusticias sistémicas sobre raza, género, y también, orientación sexual e identidad de género.

    • Interseccionalidad, que llaman.

Cada una de las ramas de lo woke ha ido desarrollando directrices a veces incuestionables. Directrices que a su vez han degenerado en la cultura de la cancelación.

  • ¿Te pones del lado de un policía que ha disparado a un afroamericano?

    • Cancelado.

  • ¿Cuestionas la versión de la historia de una mujer que dice haber sido violada?

    • Cancelado.

En casos como los que plantean las hipótesis de arriba, la presunción de inocencia ha cedido ante la presión de grupo que ejerce el movimiento woke en multitud de ocasiones.

Otros ejemplos tienen menos trascendencia, como cuando se criticó a Kim Kardashian por usar maquillaje que rozaba el blackface o como cuando se señaló a la película In the Heights por un reparto que carecía de suficientes actores afrolatinos.

Lo woke ha dejado multitud de casos en los que una persona, generalmente famosa, es enviada al ostracismo por opiniones que la marabunta considera cuestionables —y que juegan en contra de los intereses por acabar con las injusticias.

  • La cantidad de preceptos a los que adscribirse para estar woke y evitar la cancelación es enorme, de ahí que los mayores críticos hablen de dogmas casi religiosos que atentan contra la libertad de expresión.

En julio de 2020, una encuesta nacional del grupo libertario Instituto Cato con YouGov vio que el 62 por ciento de los estadounidenses opinaba que el clima político les impidía decir cosas que creen porque otros podrían encontrarlas ofensivas. 

  • Casi un tercio (32 por ciento) de los estadounidenses preguntados decían que les preocupa perder oportunidades profesionales o perder su trabajo si se conocían sus opiniones políticas.

    • Los votantes demócratas estaban menos preocupados (28 por ciento) que los republicanos (38 por ciento), aunque no son diferencias tan salvajes como en otros términos de la vida política de EE.UU.

Negativo. Es de ahí que lo woke haya pasado en poco tiempo a convertirse en un término peyorativo usado por parte de los conservadores contra quienes ellos consideran woke.

  • ¿Pero qué problema tienen con lo woke sus mayores críticos?

👩‍🎓 En la teoría

James A. Lindsay, crítico cultural estadounidense y escritor del bestseller “Teorías cínicas”, explica que lo woke opera como una lente bajo la cual sus partidarios observan la realidad como consecuencia de la aplicación de políticas opresivas.

  • Los fundamentos teórico-conceptuales del wokeismo se arraigan en la teoría crítica posmoderna, de la que se desprende la Teoría Crítica de la Raza (CRT), el feminismo interseccional y otras vertientes.

    • Estas teorías parten de una concepción de la realidad que entiende la historia de la Humanidad bajo la premisa de la existencia de un grupo opresor y un grupo oprimido.

    • Los académicos de la Teoría Crítica señalan que las instituciones sociales que forman parte de la cotidianidad están impregnadas por este sesgo.

      • La ciencia, el lenguaje, las leyes o la educación son instituciones que reflejan ese mecanismo de opresión y ayudan a perpetuarlo.

Lindsay afirma que esta corriente teórica pretende “romper nuestra relación con el conocimiento”, al criticar la objetividad de la ciencia y afirmar que la producción de conocimiento es un producto social sujeto a determinado contexto.

  • Es decir, toda verdad asumida como tal en el campo de lo social puede ser puesta en duda si se considera, por ejemplo, que los cambios que ha registrado el contexto la han vuelto obsoleta.

    • Por ejemplo, los estudios sociales que “probaban” que las mujeres eran intelectualmente menos aptas que los hombres quedaron obsoletos cuando las mujeres adquirieron derechos políticos y laborales.

La crítica a esta corriente teórica también se extiende a los efectos concretos que pretende alcanzar en la sociedad. Lo que se conoce como justicia social crítica: la búsqueda proactiva de acabar con las desigualdades que se encuentran profundamente arraigadas en el entramado de las estructuras sociales.

  • Lindsay, que se considera un enemigo acérrimo de la justicia social crítica, la compara con una creencia religiosa que requiere penitencia y evangelización.

    • Durante las protestas por el asesinato de George Floyd, se hicieron virales vídeos en los que podía verse a hombres y mujeres blancos arrodillándose y disculpándose por las injusticias raciales:

Cristopher Rufo, activista conservador estadounidense y autor de varios documentales, critica abiertamente al movimiento woke y a la CRT y acusa a los defensores de ambas corrientes de anti-EE.UU.

  • A Rufo le preocupa cómo las instituciones de administración pública y la burocracia estatal cada vez asimilan en mayor magnitud los ideales woke, así como la creciente influencia del gobierno federal en el día a día de sus ciudadanos.

    • La CRT, dice Rufo, ha “invadido todos los aspectos del gobierno federal" y representa "una amenaza existencial para Estados Unidos".

Estos críticos defienden la igualdad en lugar de la equidad. Según ellos, la primera significa igualdad de trato bajo la ley para todos los estadounidenses, mientras que la segunda implica discriminación basada en la raza —pero contra los blancos.

  • Y que llevar ese discurso a las aulas puede ser inmensamente problemático.

🏫 En las escuelas

Rufo y los cercanos a él alegan que el wokeismo contamina desde hace años los campus de las universidades y las aulas de las escuelas. Y no hay nada más divisorio en EE.UU. que algo que repercuta a los más jóvenes.

  • En los campus de las universidades, existen infinidad de casos en los que estudiantes e incluso miembros del profesorado se han manifestado para impedir la ponencia de comentaristas conservadores como Ben Shapiro o Ann Coulter.

  • En las aulas de las escuelas, el problema es más complejo. Asociaciones de padres y activistas y medios conservadores llevan tiempo poniendo el foco en casos en los que el wokeismo se ha colado en el programa de estudios de niños y adolescentes.

Es en el contexto de los colegios donde entra la Teoría Crítica de la Raza (CRT) de la que hablamos la semana pasada. En este caso, preferimos hablar de wokeismo porque el significado de CRT se ha desvirtuado por completo.

  • La CRT es un marco teórico, mientras que el wokeismo recoge una serie de tendencias sociales, políticas y culturales progresistas que, según sus críticos, han degenerado de forma irreversible.

Y aunque es cierto que muchas críticas suelen sacar de contexto programas curriculares o definiciones ambiguas de equidad, justicia y racismo sistémico, hay ejemplos que retratan bien de dónde nacen las preocupaciones:

  • En Cupertino, California, una escuela primaria pidió a sus alumnos de 9 años que deconstruyeran sus identidades raciales y de género y se ordenaran en un ranking según “su poder y privilegio”.

    • Durante una clase de matemáticas, un profesor explicó a sus alumnos que viven en una “cultura dominante” de “blancos de clase media, cisgénero, con estudios, cristianos y angloparlantes” que “han creado y mantienen” esa cultura para mantenerse en el poder.

  • En Illinois, la Junta de Educación propuso nuevas reglas para la formación de profesores incluye partes que citan posibles prejuicios que los profesores deberían tener en cuenta (racismo, homofobia, Eurocentrismo).

Además, los profesores “deben entender que hay sistemas en nuestra sociedad, especialmente, pero no limitados, a nuestro sistema escolar que crean y refuerzan inequidades, por tanto creando condiciones opresivas. Los educadores trabajan activamente contra esos sistemas en su trabajo diario en instituciones educacionales”.

  • Y en Las Vegas, Nevada, una demanda alega que los alumnos tenían que pasar un curso en el que les requerían revelar su raza, género, orientación sexual y discapacidades para determinar qué tipo de privilegio o de opresión estaban adscritos a esas identidades.

    • La misma clase tildaba de opresoras a instituciones como la familia y la religión.

Existen montones de otros ejemplos que hemos visto en medios conservadores que no pasan un test rápido de fact-check, bien porque están faltos de contexto (como un borrador del programa de estudios en Minnesota), bien porque son falsos (como las clases avanzadas de matemáticas en Virginia).

  • Otros, como el controvertido debate en torno al ‘The 1619 Project’ de The New York Times, daría para una newsletter aparte.

    • Spoiler: hay serios problemas con ese multireportaje sobre la esclavitud que ha sido duramente criticado por historiadores.

En conclusión, el wokeismo no tiene visos de destruir EE.UU. o de contaminar para siempre las mentes de los más pequeños, pero sí existen tendencias problemáticas sobre las que la izquierda tendrá que hacer autocrítica tarde o temprano.

  • Salvo que degenere a los niveles que la derecha teme —o quiere temer.

¿Desea saber más? El periodista conservador Rod Dreher tiene un extenso artículo sobre por qué los conservadores temen al wokeismo (aunque algunos argumentos se desmontan fácilmente con un fact-check). El columnista David Brooks respondió a ese artículo con un punto de vista más optimista al respecto.


🎬 Una recomendación

Con la colaboración de Filmin

Dear White People es una película estadounidense de 2015 dirigida por Justin Simien. Ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance y catapultó a Tessa Thompson a la primera plana de Hollywood.

  • Es posible que la carrera de Thompson, con apariciones en Thor: Ragnarok, Creed y la serie Westworld, no hubiera llegado a este punto sin el impulso que le dio este largometraje.

La película sigue la pista de varios estudiantes afroamericanos en la ficticia Winchester University, una universidad de prestigio dominada por estudiantes blancos. Cuando Sam (Thompson) empieza a criticar las tendencias racistas de otros estudiantes en su programa de radio, se desencadenan tensiones que sacan a la luz los prejuicios del alumnado.

  • Incluyendo una fiesta blackface que ilustra bien lo que se ha visto en multitud de escándalos políticos en EE.UU. a lo largo de los últimos años.

    • Mi cita fav de Sam: “Salir con una persona negra solo para sacar de quicio a tus padres es una forma de racismo”.

Pese a que Simien la escribió años antes, Dear White People se estrenó en un momento clave: después de la muerte de Michael Brown durante la presidencia de Barack Obama; la supuesta era postracial de EE.UU.

  • Es a través del humor negro y la sátira que el filme hurga en la herida de ese salto que no se ha dado, retratando las marcas de resentimiento que siguen presentes en la sociedad estadounidense y en el supuesto progresismo de instituciones donde las mismas injusticias, los mismos agravios, siguen existiendo.

Dear White People está disponible en Filmin.


🥊 Un vídeo para ir con Hasbulla

Hasbulla Magomedov es un joven ruso de 18 años con un síndrome no especificado que le hace parecer un niño de 5 años. Empezó a ganar presencia internacional cuando empezó a colaborar con el luchador checheno de artes marciales mixtas Asxab Tamaev.

  • En los círculos rusos, ya era algo famoso por su parecido con el luchador de artes marciales mixtas ruso Kabib Nurmagomedov.

Ahora mismo, es imposible no encontrarse a Hasbulla por todas partes, ya sea por sus vlogs o sus interacciones con monos:

A post shared by @hasbulla_

Los orígenes de Hasbullah no están claros. Una de las cuentas de Instagram que lleva su nombre tiene contenido desde noviembre de 2020 y casi 500.000 seguidores. La oficial solo tiene publicaciones desde hace dos meses y acumula más de 2 millones de seguidores.

El primer vídeo de Tamaev con el bloguero Hasbulla es del pasado noviembre y tiene más de 8 millones de visualizaciones en YouTube, con diferencia el vídeo más visto de Tamaev hasta entonces.

  • La cuenta de Instagram de Hasbulla enlazada en ese vídeo está suspendida, pero hasta ese momento acumulaba más de 400.000 seguidores y contaba con más de 150 publicaciones, según se ve en el propio vídeo.

Creo que esa es la razón por la que ahora existen TANTAS cuentas diferentes de Hasbulla. Es gente aprovechándose de su contenido previo ahora suspendido.

  • De ahí que la cuenta oficial solo tenga contenido desde el pasado mayo y poco que ver con lo que se hace viral en Twitter, TikTok e Instagram desde hace meses.

A post shared by @hasbulla.magomedov

Pero volviendo al vídeo de arriba. El asunto es que Tamaev ejerció de mediador de una pelea entre Hasbulla y el cantante tayiko Abdu Rozik. Supuestamente, ese pelea se celebró el pasado mes de mayo.

  • Rozik también tiene 17 años pese a que parece más joven. Sufrió raquitismo cuando era pequeño.

De esa pelea no se sabe mucho, ni siquiera si ha tenido lugar, pero de la relación entre Tamaev y Hasbulla sí podemos sacar algunas conclusiones: la cosa no va bien.

  • Tamaev publicó un vídeo en YouTube hace unos días en el que se defendía de las críticas de pagarle demasiado poco a Hasbulla pese a que el chaval le ha generado contenido MUY viral.

    • Amén de vídeos y publicaciones con cientos de miles de visualizaciones y me gusta.

No sabría deciros bien qué es lo que ha pasado porque nadie está hablando de este asunto en inglés o español, y YouTube no traduce especialmente bien el ruso, así que cualquier ayuda es bienvenida porque es puro salseo. ¡Equipo de investigación!

  • Mientras tanto, más Hasbulla content:

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Hasta la semana que viene,