Jun 13

📱 ¿Son las redes sociales tan nocivas?

Y también, un documental de ranas y una plataforma diferente.

22
 
1.0×
--:--
--:--
Open in playerListen on);

Appears in this episode

Emilio Doménech
Anita Pereyra
Marina Enrich
Las noticias estadounidenses de Washington D.C., Hollywood y Silicon Valley, contadas por el periodista Emilio Doménech desde Nueva York. Ahora, en formato podcast.
Episode details
Comments

13 de junio | Nueva York

Leer esta newsletter te llevará 12 minutos y 8 segundos.

📬 Mantente informado con nuestras columnas de actualidad diarias. Tienes un ejemplo en este boletín que enviamos el pasado miércoles sobre la derrota del fiscal del distrito de San Francisco Chesa Boudin y lo que ello significa para el futuro del movimiento reformista del sistema de justicia criminal. Puedes suscribirte a través de este enlace:

¡Mantente informado siendo Premium!

Maldito ladrón. Bienvenido a La Wikly.


high angle photo of person holding turned on smartphone with tall buildings background
Photo by Jakob Owens on Unsplash

📱 No tan fácil

Lo importante: el auge de las redes sociales ha redibujado el panorama social, cultural y político de todas las sociedades del planeta, pero desde hace años impera una narrativa de casi absoluto consenso que concluye que las redes sociales tienen efectos negativos sobre las democracias.

  • Ahí está el ascenso de los populismos, la crisis de salud mental entre jóvenes o la forma en la que el contenido de odio puede propagarse a una rapidez y escala impensables hace años.

Explícamelo: en los últimos meses, dos ensayos publicados en The Atlantic y en The New Yorker han reavivado el debate acerca de si realmente las plataformas han tenido consecuencias tan nocivas.

  • Aunque las conclusiones son dispares, los argumentos que esgrimen presentan enfoques interesantes ante el que será un debate que se seguirá dando durante años.

  • Y además permiten desmontar algunas teorías muy establecidas sobre cómo las redes sociales han afectado al mundo real.

📜 Reconstrucción histórica

Contexto: podría decirse que el punto culminante del optimismo tecnodemocrático sobre el aumento de popularidad de las redes sociales fue en 2011, el año que comenzó con la Primavera Árabe y terminó con el movimiento Occupy Global, según cuenta el psicólogo social Jonathan Haidt en su ensayo.

  • También fue entonces cuando Google Translate empezó a estar disponible en prácticamente todos los teléfonos. Con la supresión de la barrera idiomática y la galopante globalización, estábamos más cerca que nunca de ser un solo pueblo.

En el cambio de década, los usuarios de las redes sociales se sintieron más cómodos compartiendo detalles íntimos de sus vidas con extraños y con grandes corporaciones; se volvieron más expertos en administrar su marca personal a través de las redes —y tener éxito con esa marca personal.

  • Es decir, los usuarios empezaban a saber qué foto tendría más me gusta o qué comentario tendría más retuits. La adaptación a ese nuevo statu quo desencadenó lo que Haidt define como la intensificación de las dinámicas virales.

Llegado 2013, las redes sociales se habían convertido en un nuevo juego: si tenías habilidad o suerte, podías crear una publicación que capaz de viralizarse y hacerte famoso en Internet por unos días. Si cometías un error, podías terminar enterrado en comentarios de odio.

  • El optimismo de 2011 empezó a decaer y empezó a encontrar conclusiones más apocalípticas conforme distintos escándalos ensombrecieron el crecimiento y las posibilidades de plataformas como Facebook, YouTube o Twitter.

En la actualidad, los científicos sociales han identificado al menos tres fuerzas principales que unen colectivamente a las democracias exitosas: capital social (extensas redes de vínculos sociales con altos niveles de confianza), instituciones sólidas e historias compartidas.

  • Según Haidt, las redes sociales habrían debilitado a las tres.

🔬 El debate científico

Haidt representa el sector académico que defiende una visión pesimista de las redes sociales. Cree que las herramientas de la viralidad han corroído algorítmica e irrevocablemente la vida pública.

El auge de las redes sociales ha “disuelto sin darse cuenta el mortero de la confianza, la creencia en las instituciones y las historias compartidas que habían mantenido unida a una democracia secular grande y diversa”, dice Haidt.

La principal preocupación de Haidt es que el uso de las redes sociales nos ha dejado particularmente vulnerables al sesgo de confirmación. Es decir, la propensión a consumir e interiorizar el contenido que apuntala nuestras creencias previas.

  • Esto lo llevó en 2021 a ser el coprotagonista de una iniciativa experimental de investigación colaborativa sobre el efecto de las redes sociales de internet que proponía reunir estudios sobre su impacto en la sociedad.

El Google Doc “Redes sociales y disfuncionalidad política: una revisión colaborativa” se puso a disposición del público y acumuló comentarios con miles de estudios y fuentes de lo más diversas (desde artículos de revistas especializadas hasta hilos en Twitter y ensayos de Substack).

  • El documento tiene más de 150 páginas y para cada pregunta hay estudios afirmativos y disidentes, así como algunos con resultados mixtos.

La puesta en común de investigaciones específicas sobre los efectos de las redes sociales reveló, entre otras cosas, que tres de las preocupaciones más arraigadas podrían no ser tan graves como parece. El periodista Gideon Lewis-Kraus las mencionó en su artículo para The New Yorker:

  • Las cámaras de eco, focos de sesgo de confirmación, se evidenciarían más en los vínculos que establecemos en la vida real que en las redes sociales, donde estamos expuestos a una gama más amplia de puntos de vista.

  • Las fake news tampoco llegarían a tanta gente como se ha dicho. Es posible que un número muy pequeño de personas consuman noticias falsas de forma habitual. Y si lo hacen, suelen no creérselas.

  • Los agujeros de conejo de plataformas como YouTube, esos por los que las recomendaciones algorítmicas habrían radicalizado a millones de personas mostrándoles contenido cada vez más extremista, se podría haber exagerado.

“Estas son las tres historias: cámaras de eco, campañas de influencia extranjera y algoritmos de recomendación radicalizados. Pero, cuando miras la literatura, todas han sido exageradas”, sostiene Brendan Nyhan, politólogo de Dartmouth.

Un documento de trabajo dirigido por Nyhan encontró que, contrario a lo que muchos preferirían pensar, existen razones de peso para creer que hay muchas personas buscando deliberadamente contenido de odio. Es decir, que el núcleo del problema no es la radicalización algorítmica, sino algo mucho más complejo.

  • Nyhan pensó que asimilar estos hallazgos es crucial, aunque solo sea para ayudarnos a comprender que nuestros problemas pueden estar más allá de ajustes tecnocráticos.

“Muchas de las críticas que se les hacen [a las redes sociales] están muy mal fundadas [...] La expansión del acceso a Internet coincide con otras 15 tendencias a lo largo del tiempo, y es muy difícil separarlas. La falta de buenos datos es un gran problema en la medida en que permite a las personas proyectar sus propios temores en este área”, sostiene Nyhan.

🔮 ¿Y entonces?

Ante esta postura más moderada sobre cuál debería ser la respuesta ante los efectos que parecen producir las redes sociales, Haidt defiende que las condiciones son demasiado terribles como para adoptar una visión realista:

“La preponderancia de la evidencia es lo que usamos en salud pública. Si hay una epidemia, como cuando empezó el COVID, supongamos que todos los científicos hubieran dicho, 'No, ¿tenemos que estar seguros antes de hacer algo?'. [...] Tenemos la mayor epidemia de salud mental entre adolescentes de la historia y no hay otra explicación [que el auge de las redes sociales]. Es una epidemia de salud pública atroz, y los propios niños dicen que es cosa de Instagram, y tenemos algunas pruebas de ello, entonces, ¿es apropiado decir, 'Nah, no lo has demostrado'?".

El argumento no es infundado. De hecho, como analizamos en esta entrega, investigaciones internas de Facebook revelaron datos como que el 32 por ciento de las adolescentes dicen que, si se sienten mal con sus cuerpos, Instagram hace que se sientan peor.

  • Con el agravante de que las compañías que administran la plataforma de Meta minimizan constantemente en público sus efectos negativos entre adolescentes.

El sociólogo Chris Bail, que orquestó junto a Haidt la propuesta de investigación colaborativa, rescata un apunte que contribuye a darle complejidad al fenómeno global de las redes sociales.

  • Para ello, cita dos investigaciones que se propusieron inferir las diferencias entre un grupo A, con perfiles activos en Facebook, y un grupo B, con sus perfiles en la plataforma desactivados, durante las cuatro semanas previas a unas elecciones. Una se realizó en Estados Unidos; la otra, en Bosnia y Herzegovina.

  • Los resultados de las investigaciones fueron diametralmente opuestos.

En su newsletter Platformer, el periodista Casey Newton aboga por esperar a la publicación de más estudios antes de sacar conclusiones definitivas o legislar muy en lo concreto. Cabe pensar que una ley que pretenda regular funcionalidades como las recomendaciones algorítmicas puede no tener las consecuencias deseadas y además atente contra la innovación.

  • Aunque bien es cierto que las redes sociales están muy poco reguladas, especialmente en países como Estados Unidos.

  • Ni qué decir que si eres un pesimista como Haidt, entonces la lucha por el futuro de las democracias se está batallando ahora mismo, así que habría que tomar medidas cuanto antes.

Quizá la mejor conclusión la dejaba el investigador Matthew Gentzkow en una cita para el artículo de The New Yorker:

“Hay muchas preguntas aquí donde la cosa en la que estamos interesados como investigadores es en cómo las redes sociales afectan a la persona promedio. Hay una serie diferente de preguntas donde todo lo que necesitas es que un número pequeño de personas cambie —preguntas sobre violencia étnica en Bangladesh o Sri Lanka, gente en YouTube movilizada para llevar a cabo tiroteos masivos. Mucha de la evidencia generalmente me hacer ser escéptico con que los efectos medios sean tan grandes como la discusión pública piensa que son, pero también creo que hay casos en los que un número pequeño de personas con perspectivas muy extremistas son capaces de encontrarse entre ellos y conectar y actuar. […] Ahí es donde residen muchas de las peores cosas de las que estaría más preocupado”.

Así que sí, probablemente las redes sociales han tenido consecuencias negativas sobre la sociedad y sobre las democracias. Y sí, probablemente todos hayamos exagerado los efectos nocivos de algunas particularidades muy concretas de las plataformas. Pero lo que está claro es que:

  • Necesitamos más estudios acerca de los efectos de las redes sociales en la sociedad.

  • Las compañías deberían dejar a los investigadores tener más acceso a sus datos.

  • Hay daños que sí se han demostrado y tanto legisladores como plataformas deberían actuar cuanto antes para atajarlos.

¿Desea saber más? Los dos ensayos son lectura muy, muy recomendada. Este otro artículo del Council of Foreign Relations indaga en una crítica habitual a Haidt y sus conclusiones pesimistas: “Las redes sociales no nos han cambiado de forma fundamental, solo nos han permitido ser nosotros mismos. Han dado forma y color a la última erupción de nuestros lados más oscuros, que siempre estuvieron ahí, esperando a venir a la superficie de nuevo tal y como han hecho repetidamente cada pocas generaciones por razones y en un calendario que sigue siendo confuso”.


🎬 Una recomendación

Con la colaboración de Filmin
By Emilio Doménech

Feels Good Man es una película documental estadounidense de 2020 dirigida por Arthur Jones. Cuenta los inicios de la rana Pepe, convertida ahora en uno de los mayores memes de toda la historia de internet lejos de las manos de su creador original.

  • La película invierte gran parte de su duración en explorar el uso que la extrema derecha online hizo del meme para propagar mensajes de odio.

Es difícil encontrar documentales que hablen de internet de una forma elocuente y que al mismo tiempo se sientan significativos o incluso trascendentales. Feels Good Man, pese a no ser perfecto, encapsula a la perfección muchas de las corrientes que influencian la convivencia online y el impacto que la viralidad tiene en el mundo real.

  • Además, ilustra con inteligencia y empatía la forma en la que el arte puede ser corrompido —y pese a los esfuerzos del artista por impedirlo.

No conozco ningún otro ejemplo de un documental que haga un trabajo parecido a la hora de traducir la cultura de los memes para todos los públicos, así que Feels Good Man sin duda es una buena oportunidad para espectadores algo desconectados de lo que pasa en cavernas como 4chan.

  • Los muy leídos en el tema también encontrarán gratas recompensas acerca de la historia de Pepe, por cierto un habitual de los emojis de nuestra comunidad de Discord y de mis streams.

Feels Good Man está disponible en Filmin.


🤳 Una plataforma realista

By Marina Enrich

Lo importante: Hace meses que BeReal se ha convertido en la app por excelencia de la generación Z. Emilio no os ha hablado de ella, y yo, que la uso diariamente, me he sentido obligada a explicaros de qué va y por qué tiene tanto éxito.

Contexto: BeReal es una App fundada por el francés Alexis Barreyat y que no tiene nada que ver con ninguna red social actual. 

  • Cómo funciona. En un momento aleatorio del día te saltará una notificación al móvil diciendo: “Es la hora de BeReal” para que subas una foto. A todo el mundo le llega la notificación a la misma hora. Hasta que no subas tu foto, no puedes ver la de tus amigos. La foto se capturará a la vez con la cámara frontal y trasera. Al día siguiente, todas las fotos habrán desaparecido.

Lo más importante: Es una app antipostureo. No tiene filtros. No puedes falsear la realidad. Menos yo este fin de semana, que he esperado a estar en el festival Primavera Sound para subir mi BeReal (son las dos fotos que encabezan esta sección).

Eso sí, BeReal no me ha dejado engañar a mis amigos. Al lado de mi foto, ponía que la he subido 5 horas más tarde, siendo así menos real.

  • Por lo general, las fotos que subo cada día a la aplicación son trabajando en mi ordenador, igual que la mayoría de mis amigos. Puede parecer aburrido, pero para mí es un respiro ver a gente que no se pasa el día viajando, tomando el sol y haciendo deporte.

¿Pasará de moda? Pues igual. Aunque la verdad es que esta aplicación responde a una tendencia general entre la generación Z de querer compartir contenido más auténtico (lo vimos con los finstas, esos instagrams privados que creas solo para tus amigos).

  • El interés de esta generación por TikTok tampoco es aleatorio. La aplicación china acuna contenido mucho más auténtico y natural que Instagram, y esa es la razón por la que, en general, nos gusta más.

Lo mejor. BeReal no crea adicción. Mientras que Facebook, Instagram y TikTok viven de la economía de la atención, intentando retener a sus usuarios la mayor cantidad de tiempo, BeReal es todo lo contrario. Una vez subes tu foto y ves la de tus amigos, la aplicación pierde el interés. Hasta el día siguiente.

Lo interesante: ver cómo monetizan la app. Han recaudado 30 millones de dólares tras una ronda de financiación de la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz, por lo que algún cambio tendrán que hacer.

  • Esperamos que se mantengan reales a su premisa original, je.


En otro orden de cosas, hoy vuelve Lunes por el mundo con los resultados electorales en las legislativas de Francia y la crisis de hambruna en Somalia, entre otros titulares. Anita os hablará de la Cumbre de las Américas en la entrega premium del martes.

  • Podrás seguir el directo a partir de las 20:00 hora peninsular de España en Twitch.

Si te ha gustado esta wikly, compártenos

Feliz semana,